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Leonor García Álvarez, abogada del ICA Oviedo: "La presión mediática aporta mucha paja y poca sustancia"

Para su primera novela, "Los trazos invisibles", la abogada eligió como hilo conductor la instrucción de un caso de asesinato de una niña perteneciente a una familia muy conocida.

16/11/2021.- Leonor García Álvarez es abogada del ICA Oviedo. Trabaja en su despacho de Oviedo, especializado en Contencioso-Administrativo, Laboral y Familia. Pero cuando no tiene que escribir informes, demandas, requerimientos, recursos,… cuando deja que su imaginación cree historias, prefiere firmar como Leo Rodrigo. Este ha sido el caso de su primera novela, “Los trazos invisibles”, que ya está disponible en Amazon, en edición de papel tapa blanda y en formato para Tablet y Kindle.

P: Háblenos de su recién estrenada faceta como escritora.

R: Hace muchos años leí una entrevista que hicieron a Marguerite Duras. Yo era más joven y creía que tenía mucho tiempo por delante para escribir. Me gustaba la idea de escribir, pero claro, esa idea por sí sola no basta. Pues bien, aquella escritora afirmó que los que dejaban esto de escribir para más adelante, para cuando tuvieran tiempo, se mentían; nunca lo harían. No recuerdo sus palabras exactas y la memoria es esquiva, pero la dureza de su discurso me hizo un gran favor, porque nunca lo olvidé. La cuestión es que no tuve la confianza, las ganas y el tiempo necesarios para escribir, para sentarme todos los días delante del ordenador y trabajar, pues en eso y no en otra cosa consiste la escritura: En tomarse tiempo para contar una historia, para desarrollarla y vivirla, y además hacerlo con dedicación y constancia.

P: Para su primera novela ha bebido de fuentes muy cercanas, más bien, escenarios cercanos que enmarcan la historia. Una forma de conseguir credibilidad para la trama, ¿no?

R: Para ser creíble hay que contar la verdad. Eso se consigue —en parte— escribiendo sobre aquello que se conoce, pero también documentándose a conciencia sobre lo que no se conoce. Parte de la historia de Los trazos invisibles transcurre en los años sesenta, una época que no viví, por lo que el trabajo de documentación fue considerable. Por otra parte, la novela abarca muchos personajes que abordo en profundidad y tiene una estructura compleja. Cuadrar fechas, mezclar acontecimientos reales y ficticios, enlazar tramas que en principio no parecen tener nada en común fue una tarea complicada, pero ha merecido la pena.

P: Y, por supuesto, experiencias cercanas, en tanto en cuanto se trata de una historia judicial…

R: Si bien parte importante de la trama versa sobre una instrucción judicial, a raíz del asesinato de una niña que pertenece a una familia muy conocida, no me basé en casos cercanos, sino que investigué asuntos de sobra conocidos y que han tenido amplia cobertura mediática. El abogado de mi novela, Armando Baena, es especialista en derecho penal, pero nunca ha llevado un procedimiento de esta magnitud. Por supuesto que mi experiencia profesional me ha servido de mucho, pero no tanto para hablar de este caso en concreto, como para expresar en qué consiste el día a día de la profesión: Las inseguridades a las que nos enfrentamos al defender ciertos asuntos, el trato que a veces recibimos, los prejuicios sobre qué se entiende por un buen abogado…

P: ¿Cómo arranca la novela?

R: La novela tiene varios hilos argumentales, vertebrados por el asesinato de una niña de doce años que pertenece a una poderosa familia de Granada.

A través de esas historias descubrimos a Nora Vega, que en plena crisis económica se queda sin empleo y que debido a la muerte inesperada de un familiar lejano, viaja a un pueblo de la costa cantábrica sin saber que su vida dará un giro radical. Por otro lado, leeremos las memorias de Pedro Vega, que arrancan en los años sesenta e irán narrando su turbulenta vida. Por último, Armando Baena, el abogado encargado de defender a la madre de la niña asesinada, regresa a los demonios de su pasado en medio de una complicada instrucción judicial.

P: En la novela se plantea un tema que no nos es extraño: la mediatización del caso judicial. ¿Siempre es negativa para la acción de la Justicia o la presión social también ayuda a que existan menos casos sin resolver (o sin olvidar)?  

R: No me atrevo a afirmar que la mediatización de un caso judicial sea siempre negativa. Pero es un hecho que en este mundo de redes sociales y saturación informativa, las noticias son de usar y tirar o, dicho de otro modo, lo que hoy es noticia mañana se olvida, por lo que no creo en eso de que la presión social ayude a que existan menos casos sin resolver. La presión mediática, aporta mucha paja y poca sustancia.

En la novela, la juez instructora tiene cierto temor de incurrir en el sesgo del investigador pues ella no es inmune a toda la actividad mediática que se está desplegando a su alrededor. Por eso plasmo esas dudas en la novela, que son humanas.

P: También se desprende de la lectura de su novela una reflexión que, a priori, hablando de Justicia, puede resultar inquietante y es que no solo hay una versión de la verdad.

R: Uno de los libros que leí para documentarme, finalizaba con una frase del autor que decía: «La verdad judicial es la única verdad». Me dio que pensar.

Armando Baena explica a sus alumnos que en cualquier asunto profesional y especialmente en materia penal, existen al menos tres verdades sobre un mismo hecho: La primera es la verdad objetiva, la de las cosas tal y como son. La segunda es la verdad que te traslada el cliente. Y la tercera, la verdad que consta en los hechos probados de la sentencia.

Armando afirma que «la justicia debería tender a que la primera verdad coincida con la tercera, pero ahí es donde entran las interpretaciones de unos mismos hechos. Si además el abogado hace un buen trabajo e inocula en la mente del juez la segunda verdad, las posibilidades de que las tres coincidan son escasas».

Esta idea sobre qué es la verdad y que las cosas son lo que son y también pueden ser lo contrario, planea sobre toda la novela y sobre todos los personajes, más allá de la trama estrictamente judicial.

Volviendo a la Justicia, claro que busca la verdad objetiva pero, evidentemente no siempre sabe discriminarla de entre las verdades de las partes. Cualquier compañero puede decir que hay asuntos muy claros en los que, para bien o para mal, poco podemos hacer por el cliente. En otros, la pericia del abogado, la suerte y las dudas razonables que podamos sembrar, inclinan la balanza.

 

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