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José Luís Regadera Sejas: el hombre afable de la eterna sonrisa

Recogemos en las siguientes líneas el homenaje póstumo que han escrito su sobrina, la colegiada del ICA Oviedo Lucía Álvarez Regadera, y el decano, Luís Carlos Albo Aguirre.

30/03/2020.- La profesión sigue llorando el fallecimiento de José Luís Regadera Sejas. Durante todo el fin de semana se han ido sucediendo las muestras de cariño hacia la familia, amigos y compañeros del veterano abogado.

Hoy recogemos dos textos entrañables. El primero de ellos fue escrito por su sobrina, ahijada y compañera de despacho, Lucía Álvarez Regadera, quien quiso plasmar de manera epistolar su sentir por la pérdida de "su timón". El segundo lleva la firma de Luís Albo, nuestro decano, quien, como se leerá a continuación, no concibe su vida colegial sin la figura de su querido compañero.

 

CARTA AL CIELO, HOY UN POCO MÁS AZUL.

Mi muy querido tío y padrino, Jose:

Te escribo estas líneas, ahora ya no con la intención de que me des tu “visto bueno”, como en tantas otras ocasiones, sino para darte una y mil veces GRACIAS (en mayúsculas y en voz alta).

Intentaré ser breve, como siempre me aconsejabas. Tus palabras literales sonaban así: “Si puedes expresarlo en una única palabra, nunca utilices dos”. Sencillo, claro y conciso, como tú: GRACIAS.

Pero es que hoy no habría forma de expresar en un escrito el vacío que nos dejas a todos: tu familia, mujer, hijos y nietos, tu hermana y tantos amigos y seres queridos, Carlos Mario, Lucía, los compañeros del vermú, los de la promoción, todo el pueblo,... hoy están mudos y no paran de llorarte. Siento no poder nombrar a todos y cada uno, pero es que es imposible, la carta nunca acabaría. Y no quedamos en eso.

 Estoy completamente segura de que no existe en la faz de la tierra persona alguna capaz de hablar una sola palabra mal de ti, allá donde fueras, a quien trataras….Encandilabas a todos con tu carácter alegre y bromista, un ser encantador, humilde y bueno a rabiar, siempre dispuesto a ayudar…¿Qué más se puede pedir? Dejas a todos un más que buen sabor de boca.

Los que te disfrutamos, hoy vencidos, sufriremos tu ausencia cada día, pero, al sobreponernos, hemos de reconocernos como auténticos privilegiados y orgullosos por haberte tenido.

A título personal, eras mi modelo a seguir, mi timón, así que en lo profesional, qué decir... Me has enseñado todo. Intentaré no olvidarme de nada y, sobre todo, lo importante: ser práctica en resolución de conflictos, sensata, tratar a compañeros, clientes y toda persona relacionada con el ejercicio de la profesión con el mismo respeto, honestidad, franqueza y lealtad con que tu lo hacías. Sé que no te llegaré ni a la suela del zapato, eras el mejor, pero lo intentaré. En este último ámbito podría contar maravillas sobre ti, pero lo veo innecesario por ser de todos sobradamente conocido.

Tanto tiempo trabajando POR y PARA la justicia y qué injusto que te vayas así, tan pronto, tú que ansiabas poder jubilarte y disfrutar de ese tiempo en “nuestro querido Mestas”, donde fuiste tan feliz.

Cuando pase este “maldito huracán” que te nos ha llevado, volveré a pasear por el “Robedal” y miraré al cielo, allí sé que te encontraré, o debajo del “horru” con tu sonrisa inmediatamente reparadora para los demás. También lo haré cada vez que marque nuestro Oviedín del alma. Como no podía ser de otra forma, elegiste un día señalado en el club para irte, aunque tú, como siempre, de forma silenciosa y discreta.

No quiero despedirme sin pedirte un último favor: dale un beso al abuelo, ahora les toca a ellos volver a disfrutar de ti de nuevo.

Hasta siempre, o mejor….hasta luego.

Descansa en paz, que bien lo mereces.

Te quiere y nunca te olvidará tu “sobrina preferida”,

Luci.

P.D.: ¿Qué? Ya... demasiado largo. Lo sé. Perdona.

GRACIAS UNA VEZ MÁS por estar en nuestras vidas.

Nos volveremos a encontrar algún día.

 


 

He tenido el privilegio de cruzarme en su sendero y mi vida colegial no se concibe sin su figura. Comencé la misma con la viva presencia de dos José Luis Regadera. El primero, veterano, era un abogado incisivo, sobrio, claro y conciso, cualidades que lo convertían en un brillante penalista, el segundo, en sus comienzos, pronto iría mostrando que las virtudes paternas iban en su ADN, si bien su carácter era más cercano, entrañable.

Procedía de una promoción de la Facultad de Derecho de Oviedo que ha aportado solventes abogados como Armando Álvarez Menéndez, José Ignacio Álvarez Peón, Celso Antuña Suárez y Luis Pérez Iglesias, sin olvidar a otros operadores jurídicos como José Luis Santos Hevia, Letrado de la Administración de Justicia, o Joaquín de la Riva Llerandi, Teniente Fiscal de Asturias, todos ellos fieles amigos de José Luis hasta el final.

Pronto se interesó por la vida corporativa, siendo elegido para formar parte de la Junta de Gobierno presidida por el Decano Justo de Diego Martínez, cuando los letrados adscritos al turno de oficio del Colegio de Abogados de Oviedo habían iniciado una huelga que mantendrían durante casi dos años y medio.

En su mandato participó activa y sucesivamente, junto a diversos miembros de la Junta de Gobierno, entre otros cometidos, en el estudio del condicionado de la póliza de seguro colectivo de responsabilidad civil y en una nueva contratación con otras entidades de seguros, en la iniciativa de la creación de un solo Colegio de Abogados con competencia en todo el Principado de Asturias y en el estudio de un convenio con la Mutualidad General de Previsión Social de la Abogacía para introducir las modificaciones oportunas en orden a conseguir mejores prestaciones y solucionar definitivamente el problema del saldo existente a la sazón en los Convenios de Cirugía e Incapacidad.

Lamentablemente no ha llegado a ver el espacio que se destinará en la sede colegial a todos los miembros que han integrado su Junta de Gobierno, donde volverá a encontrase junto a su padre, quien también ocupó un puesto en la misma, para dar visibilidad a todas las compañeras y compañeros de este Colegio de quienes, como José Luis, hurtaron tiempo a su familia, a su despacho, a sus ratos de ocio; las mismas compañeras y compañeros que en el día de hoy están consternados, abatidos.

Durante más de cuarenta años ha sido un ejemplo para quienes ejercemos esta profesión. Con sumo acierto lo ha definido nuestro compañero Miguel Ángel Fernández Menéndez como la imagen de Seguros Bilbao en los tribunales de Oviedo y del resto de Asturias. Rigurosamente cierto. Mientras escribía estas palabras, entre otras muchas llamadas, una llegaba de Bilbao: el Director General de dicha compañía quería hacer llegar sus condolencias a la familia pero, como 2 consecuencia de la actual situación, no encontraba medio de hacerlo. El Decano del Ilustre Colegio de la Abogacía de Bizkaia, homólogo de José Luis en dicha provincia, también ha hecho lo propio.

Con no menor tino, decía nuestro compañero Eduardo Escandón, que José Luis respondía a lo que se conoce dentro del mundo judicial como un “Abogado de la casa”. Correcto y leal con los compañeros y con el Tribunal. Hombre afable donde los hubiera, a quien no se le conoció una mala cara, antes al contrario, siempre tuvo una sonrisa para todos.

Las condolencias no cesan de llegar a esta su segunda casa, rendidas ante la sencillez de nuestro protagonista.

Que tu sonrisa ilumine nuestros pasos en los senderos que nos corresponda seguir y muestres, hasta la cima de lo eterno, el goce sencillo de tu gesto amable y generoso.

Luis Carlos Albo Aguirre

Decano

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